jueves, 30 de abril de 2015

Unidad en el cuerpo de Cristo (Efesios 4,1-16)

Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, 2 siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. 3 Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. 4 Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; 5 un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; 6 un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos.

7 Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones. 8 Por esto dice:

«Cuando ascendió a lo alto,
    se llevó consigo a los cautivos
    y dio dones a los hombres.»

9 (¿Qué quiere decir eso de que «ascendió», sino que también descendió a las partes bajas, o sea, a la tierra? 10 El que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.) 11 Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, 12 a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. 13 De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.

14 Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. 15 Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. 16 Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro.


miércoles, 29 de abril de 2015

Evangelio Comentado, «El enviado no es más que el que lo envía» San Juan 13,16-20.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 13,13-25. 
Desde Pafos, donde se embarcaron, Pablo y sus compañeros llegaron a Perge de Panfilia. Juan se separó y volvió a Jerusalén, 
pero ellos continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. 
Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: "Hermanos, si tienen que dirigir al pueblo alguna exhortación, pueden hablar". 
Entonces Pablo se levantó y, pidiendo silencio con un gesto, dijo: "Escúchenme, israelitas y todos los que temen a Dios. 
El Dios de este Pueblo, el Dios de Israel, eligió a nuestros padres y los convirtió en un gran Pueblo, cuando todavía vivían como extranjeros en Egipto. Luego, con el poder de su brazo, los hizo salir de allí 
y los cuidó durante cuarenta años en el desierto. 
Después, en el país de Canaán, destruyó a siete naciones y les dio en posesión sus tierras, 
al cabo de unos cuatrocientos cincuenta años. A continuación, les dio Jueces hasta el profeta Samuel. 
Pero ellos pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, por espacio de cuarenta años. 
Y cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, de quien dio este testimonio: He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad. 
De la descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel un Salvador, que es Jesús. 
Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. 
Y al final de su carrera, Juan decía: 'Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias'.



Salmo 89(88),2-3.21-22.25.27. 
Cantaré eternamente el amor del Señor, 
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: 
«Mi amor se mantendrá eternamente, 

mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
«Encontré a David, mi servidor, 
y lo ungí con el óleo sagrado,
para que mi mano esté siempre con él 

y mi brazo lo haga poderoso.»
Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán, 
su poder crecerá a causa de mi Nombre:
El me dirá: «Tú eres mi padre, 

mi Dios, mi Roca salvadora.» 



Evangelio según San Juan 13,16-20. 
Después de haber lavado los pies a los discípulos, Jesús les dijo: 
"Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. 
Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. 
No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí. 
Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. 
Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió".

«El enviado no es más que el que lo envía»

       Cristo ha realizado su obra redentora en la pobreza y la persecución; así también la Iglesia está llamada a seguir el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación. Cristo Jesús, «a pesar de su condición divina... se anonadó a sí mismo tomando la condición de esclavo» (Flp 2,6) y por nosotros «siendo rico, se hizo pobre» (2Co 8,9). Así es también la Iglesia; y si es cierto que tiene necesidad de recursos humanos para cumplir su misión, no está aquí  para buscar la gloria terrestre, sino para predicar, incluso con el ejemplo, la humildad y la abnegación. Cristo ha sido enviado por el Padre «para evangelizar a los pobres..., curar los corazones destrozados» (Lc 4,18), «buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc19,10). De la misma manera, si la Iglesia cuida con solicitud a aquellos que están afligidos por la enfermedad humana; con mucha más razón, reconoce en los pobres y en todos los que sufren, la imagen de su Fundador pobre y sufriente, y se afana a aliviar su desgracia y quiere servir a Cristo en ellos...

        La Iglesia «va hacia delante, caminando entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios» (San Agustín), anunciando la cruz y la muerte del Señor, hasta que él vuelva (1Co 11,26). Es la fuerza del Señor resucitado la que la fortifica para hacerle superar, por la paciencia y la caridad, sus penas y sus dificultades interiores tanto como las exteriores y, a pesar de todo, hacer que revele fielmente al mundo el misterio del Señor, misterio todavía escondido hasta que él mismo aparezca al fin de los tiempos en la plenitud de su luz.





Salmo 5,2


martes, 28 de abril de 2015

Evangelio Comentado, “Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.” San Juan 12,44-50.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 12,24-25.13,1-5a. 
Mientras tanto, la Palabra de Dios se difundía incesantemente. 
Bernabé y Saulo, una vez cumplida su misión, volvieron de Jerusalén a Antioquía, llevando consigo a Juan, llamado Marcos. 
En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo. 
Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: "Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado". 
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. 
Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre. 
Al llegar a Salamina anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y Juan colaboraba con ellos. 



Salmo 67(66),2-3.5.6.8. 
El Señor tenga piedad y nos bendiga, 
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio, 
y su victoria entre las naciones.

Que canten de alegría las naciones, 
porque gobiernas a los pueblos con justicia 
y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor, 
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga, 
y lo teman todos los confines de la tierra.



Evangelio según San Juan 12,44-50. 
Jesús exclamó: "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. 
Y el que me ve, ve al que me envió. 
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. 
Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. 
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. 
Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; 
y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó". 

“Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.”

    Cristo es la luz del mundo (Jn 8,12) que ilumina a la Iglesia con su luz. Y como la luna recibe su luz del sol para que ella ilumine la noche, así la Iglesia, recibiendo la luz de Cristo ilumina a todos aquellos que se encuentran en la noche de la ignorancia... Cristo es, pues, la verdadera luz del mundo “que con su venida al mundo ilumina a todo hombre” (Jn 1,9), mientras que la Iglesia, recibiendo su luz, se hace luz del mundo, “iluminando a los que están en tinieblas” (cf Rm 2,19), según las palabras del Señor a sus discípulos: “Sois la luz del mundo.” (Mt 5,14) De ahí que Cristo es la luz de los apóstoles y los apóstoles, a su vez, son la luz del mundo.


lunes, 27 de abril de 2015

Evangelio Comentado, “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.” San Juan 10,22-30.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 11,19-26. 
Los que se habían dispersado durante la persecución que se desató a causa de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaban la Palabra únicamente a los judíos. 
Sin embargo, había entre ellos algunos hombres originarios de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, también anunciaron a los paganos la Buena Noticia del Señor Jesús. 
La mano del Señor los acompañaba y muchos creyeron y se convirtieron. 
Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. 
Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. 
Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud adhirió al Señor. 
Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de "cristianos". 



Salmo 87(86),1-3.4-5.6-7. 
¡Esta es la ciudad que fundó el Señor 
sobre las santas Montañas!
El ama las puertas de Sión 
más que a todas las moradas de Jacob.
Cosas admirables se dicen de ti, 

Ciudad de Dios.
«Contaré a Egipto y a Babilonia 
entre aquellos que me conocen; 
filisteos, tirios y etíopes han nacido en ella.»
Así se hablará de Sión: 
«Este, y también aquél, 
han nacido en ella, 

y el Altísimo en persona la ha fundado.»
Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá: 
«Este ha nacido en ella.»
Y todos cantarán, mientras danzan: 

«Todas mis fuentes de vida están en ti.»





Evangelio según San Juan 10,22-30. 
Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, 
y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. 
Los judíos lo rodearon y le preguntaron: "¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente". 
Jesús les respondió: "Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, 
pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. 
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. 
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. 
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. 
El Padre y yo somos una sola cosa". 

“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.”

    El distintivo de la oveja de Cristo es su capacidad de escuchar, de obedecer, mientras que las ovejas extrañas se distinguen por su indocilidad. Comprendemos el verbo “escuchar” en el sentido de consentir a lo que se le ha dicho. Y las que lo escuchan las reconoce Dios, porque “ser conocido” significa estar unido a él. Nadie es totalmente ignorado por Dios. Porque, cuando Cristo dice: “Yo conozco mis ovejas”, quiere decir: “Yo los acogeré y las uniré a mi de una forma mística y permanente.” Se puede decir que al hacerse hombre, Cristo se ha emparentado con todos los hombres, tomando su misma naturaleza. Todos estamos unidos a Cristo a causa de su encarnación. Pero aquellos que no guardan su parecido con la santidad de Cristo, se le han hecho extraños...


    Mis ovejas me siguen”, dice Cristo. En efecto, por la gracia divina, los creyentes siguen los pasos de Cristo. No obedecen a los preceptos de la Ley antigua que no era más que figura, sino que siguen por la gracia los preceptos de Cristo. Llegarán a las cumbres, conforme a la vocación de hijos de Dios. Cuando Cristo sube al cielo, ellos le seguirán.


Hay un tiempo para todo (Eclesiastés 3:1-8)


 Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

 un tiempo para nacer,
    y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar,
    y un tiempo para cosechar;
 un tiempo para matar,
    y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir,
    y un tiempo para construir;
 un tiempo para llorar,
    y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,
    y un tiempo para saltar de gusto;
 un tiempo para esparcir piedras,
    y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse,
    y un tiempo para despedirse;
 un tiempo para intentar,
    y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar,
    y un tiempo para desechar;
un tiempo para rasgar,
    y un tiempo para coser;
un tiempo para callar,
    y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar,
    y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra,
    y un tiempo para la paz.


domingo, 26 de abril de 2015

Evangelio Comentado, «En verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.» San Juan 10,1-10.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 11,1-18. 
En aquellos días: 
Los Apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la Palabra de Dios. 
Y cuando Pedro regresó a Jerusalén, los creyentes de origen judío lo interpelaron, 
diciéndole: "¿Cómo entraste en la casa de gente no judía y comiste con ellos?". 
Pedro comenzó a contarles detalladamente lo que había sucedido: 
"Yo estaba orando en la ciudad de Jope, cuando caí en éxtasis y tuve una visión. Vi que bajaba del cielo algo parecido a un gran mantel, sostenido de sus cuatro puntas, que vino hasta mí. 
Lo miré atentamente y vi que había en él cuadrúpedos, animales salvajes, reptiles y aves. 
Y oí una voz que me dijo: 'Vamos, Pedro, mata y come'. 
'De ninguna manera, Señor, respondí, yo nunca he comido nada manchado ni impuro'. 
Por segunda voz, oí la voz del cielo que me dijo: "No consideres manchado lo que Dios purificó". 
Esto se repitió tres veces, y luego, todo fue llevado otra vez al cielo. 
En ese momento, se presentaron en la casa donde estábamos tres hombres que habían sido enviados desde Cesarea para buscarme. 
El Espíritu Santo me ordenó que fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron también los seis hermanos aquí presentes y llegamos a la casa de aquel hombre. 
Este nos contó en qué forma se le había aparecido un ángel, diciéndole: 'Envía a alguien a Jope, a buscar a Simón, llamado Pedro. 
El te anunciará un mensaje de salvación para ti y para toda tu familia'. 
Apenas comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, como lo hizo al principio sobre nosotros. 
Me acordé entonces de la palabra del Señor: 'Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo'. 
Por lo tanto, si Dios les dio a ellos la misma gracia que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿cómo podía yo oponerme a Dios?". 
Después de escuchar estas palabras se tranquilizaron y alabaron a Dios, diciendo: "También a los paganos Dios les ha concedido el don de la conversión que conduce a la Vida". 



Salmo 42(41),2-3.43(42),3.4. 
Como la cierva sedienta 
busca las corrientes de agua, 
así mi alma suspira 
por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios, 
del Dios viviente: 
¿Cuándo iré a contemplar 

el rostro de Dios?
Envíame tu luz y tu verdad: 
que ellas me encaminen 
y me guíen a tu santa Montaña, 

hasta el lugar donde habitas.
Y llegaré al altar de Dios, 
el Dios que es la alegría de mi vida; 
y te daré gracias con la cítara, 

Señor, Dios mío.





Evangelio según San Juan 10,1-10. 
Jesús dijo a los fariseos: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante.
El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. 
El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. 
Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. 
Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz". 
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. 
Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. 
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. 
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. 
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia." «Quien entre por mí se salvará»

       «En verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.» 

Jesús acaba de abrir la puerta que antes estaba cerrada. Él mismo es esta puerta. Reconozcámosle, entremos, y alegrémonos de haber entrado.

       «Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos»...; hay que comprender: «Esos que han venido aparte de mí.» Los profetas llegaron antes de su venida; ¿eran acaso ladrones y bandidos? De ninguna manera, pues ellos no vinieron aparte de Cristo; estaban con él. Él mismo les había enviado como mensajeros, guardando en sus manos el corazón de sus enviados... «Yo soy el camino, la verdad y la vida» dice Jesús (Jn14,6). Si él es la verdad esos que estaban en la verdad, estaban con él. Por el contrario, esos que vinieron aparte de él son unos ladrones y unos bandidos, porque no vinieron más que para saquear y hacer morir. «A esos tales, las ovejas no los han escuchado» dice Jesús...

       Pero los justos habían creído que él iba a venir, tal como nosotros creemos que ya ha venido. Los tiempos han cambiado, la fe es la misma... Una misma fe es la que une a los que creyeron que él iba a venir, con los que creen que él ya ha venido. Nosotros vemos que a pesar de ser en épocas diferentes, todos entran por la única puerta de la fe, es decir, por Cristo... Sí, todos esos que en tiempos de Abrahán, de Isaac, de Jacob, o de Moisés o de los demás patriarcas o de los profetas, creyeron que anunciaban a Cristo, esos eran ya de sus ovejas. A través de todos ellos escucharon a Cristo mismo, no una voz extraña, sino su propia voz






Evangelio Comentado,"«El buen pastor da la vida por las ovejas»" Juan 10,11-18.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,8-12. 
En aquellos días: 
Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos, 
ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado, 
sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. 
El es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. 
Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos". 



Salmo 118(117),1.8-9.21-23.26.28.29. 
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, 
porque es eterno su amor!
Es mejor refugiarse en el Señor 
que fiarse de los hombres;
es mejor refugiarse en el Señor 
que fiarse de los poderosos.

Yo te doy gracias porque me escuchaste 
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los constructores 
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor 
y es admirable a nuestros ojos.

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor: 
Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias; 
Dios mío, yo te glorifico.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, 
porque es eterno su amor!




Epístola I de San Juan 3,1-2. 
Queridos hermanos: 
¡Miren cómo nos amó el Padre! 
Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, 
y nosotros lo somos realmente. 
Si el mundo no nos reconoce, 
es porque no lo ha reconocido a Él. 
Queridos míos, 
desde ahora somos hijos de Dios, 
y lo que seremos no se ha manifestado todavía. 
Sabemos que cuando se manifieste, 
seremos semejantes a Él, 
porque lo veremos tal cual es. 



Evangelio según San Juan 10,11-18. 
Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. 
El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. 
Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. 
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí 
-como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas. 
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor. 
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. 
Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre". 

«El buen pastor da la vida por las ovejas»

     «Yo soy el buen pastor». Cristo, con todo derecho, puede decir: «Yo soy». Para él nada es pasado o futuro, todo le es presente, Es lo que él mismo dice en el Apocalipsis: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso» (Ap 1,8). Y en el Éxodo: «Soy el que soy. Dirás a los hijos de Israel: 'El que es me ha enviado a vosotros'» (Ex 3.14).

     «Yo soy el buen pastor.» La palabra «pastor» viene de la palabra «pacer». Cristo nos apacienta cada día con su carne y con su sangre, en el sacramento del altar. Jesé, el padre de David, dijo a Samuel: «Mi hijo menor es un niño y está paciendo el rebaño» (1S 16,11).  Nuestro David, pequeño y humilde, a pacienta también a sus ovejas como un buen pastor...

     También en Isaías se lee: «Como un pastor apacienta el rebaño; su mano los reúne, lleva en brazos los corderos, cuida de las madres» (Is 40,11)... En efecto, el buen pastor, cuando conduce su rebaño a los pastos o lo saca de él, reúne a todos los corderos pequeños que todavía no pueden caminar; los toma en sus brazos, los lleva sobre su seno; lleva también a las madres, las que vana parir o las que acaban de dar a luz. Eso mismo hace Jesucristo: cada día nos alimenta con las enseñanzas del Evangelio y los sacramentos de la Iglesia. Nos reúne en sus brazos, que extendió sobre la cruz «para reunir en un solo cuerpo a los hijos de Dios dispersos» (Jn 11,52). Nos acoge en el seno de su misericordia, como una madre acoge a su hijo.


sábado, 25 de abril de 2015

Evangelio Comentado,"transmite la fe de los apóstoles al mundo entero" San Marcos 16,15-20.

Epístola I de San Pedro 5,5b-14. 
Queridos hermanos: 
Que cada uno se revista de sentimientos de humildad para con los demás, porque Dios se opone a los orgullosos y da su ayuda a los humildes. 
Humíllense bajo la mano poderosa de Dios, para que él los eleve en el momento oportuno. 
Descarguen en él todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes. 
Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar. 
Resístanlo firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos dispersos por el mundo padecen los mismos sufrimientos que ustedes. 
El Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna en Cristo, después que hayan padecido un poco, los restablecerá y confirmará, los hará fuertes e inconmovibles. 
¡A él sea la gloria y el poder eternamente! Amén. 
Les escribo estas palabras por medio de Silvano, a quien considero un hermano fiel, para exhortarlos y atestiguar que esta es la verdadera gracia de Dios: permanezcan adheridos a ella. 
La iglesia de Babilonia, que ha sido elegida como ustedes, los saluda, lo mismo que mi hijo Marcos. 
Salúdense los unos a los otros con un beso de amor fraternal. Que descienda la paz sobre todos ustedes, los que están unidos a Cristo. 



Salmo 89(88),2-3.6-7.16-17. 
Cantaré eternamente el amor del Señor, 
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: 
«Mi amor se mantendrá eternamente, 

mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
El cielo celebre tus maravillas, Señor, 
y tu fidelidad en la asamblea de los santos,
porque ¿quién es comparable al Señor en las alturas? 
¿quién es como el Señor entre los hijos de Dios?
¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte! 
Ellos caminarán a la luz de tu rostro;

se alegrarán sin cesar en tu Nombre, 
serán exaltados a causa de tu justicia.



Evangelio según San Marcos 16,15-20. 
Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación." 
El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. 
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; 
podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán". 
Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. 
Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban. 

San Marcos transmite la fe de los apóstoles al mundo entero
a fin de que ante Cristo Jesús, nuestro Señor, Dios y Salvador y Rey, por voluntad del Padre invisible, “toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame” (Flp 2,10-11) a quien hará justo juicio en todas las cosas.
     La Iglesia, diseminada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, recibió de los apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre todopoderoso, que “hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen” (Ex 20,11; Hch 4,24); y en un solo Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó por nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, que por los profetas anunció los planes de Dios, el advenimiento de Cristo, su nacimiento de la Virgen, su pasión, su resurrección de entre los muertos, su ascensión corporal a los cielos, su venida de los cielos, en la gloria del Padre, para “recapitular todas las cosas” (Ef 1,19) y resucitar todo el linaje humano, 

     La Iglesia, pues, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera ”una sola alma y un solo corazón” (Hch 4,32), y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. Pues aunque en el mundo haya muchas lenguas distintas, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos. Las iglesias de Germania creen y transmiten lo mismo que las otras de los Íberos o de los Celtas, de Oriente, Egipto, Libia o del centro del mundo [la Tierra Santa]. Al igual que el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la predicación de la verdad resplandece por doquier e ilumina a todos aquellos que quieren “llegar al conocimiento de la verdad” (1Tm 2,4).



viernes, 24 de abril de 2015

Sean santos (1 Pedro 1,13-25

13 Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo. 14 Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. 15 Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; 16 pues está escrito: «Sean santos, porque yo soy santo.» 17 Ya que invocan como Padre al que juzga con imparcialidad las obras de cada uno, vivan con temor reverente mientras sean peregrinos en este mundo. 18 Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, 19 sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto. 20 Cristo, a quien Dios escogió antes de la creación del mundo, se ha manifestado en estos últimos tiempos en beneficio de ustedes. 21 Por medio de él ustedes creen en Dios, que lo resucitó y glorificó, de modo que su fe y su esperanza están puestas en Dios.

22 Ahora que se han purificado obedeciendo a la verdad y tienen un amor sincero por sus hermanos, ámense de todo corazón los unos a los otros. 23 Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece. 24 Porque

«todo mortal es como la hierba,
    y toda su gloria como la flor del campo;
la hierba se seca y la flor se cae,
25     pero la palabra del Señor permanece para siempre.»
Y ésta es la palabra del evangelio que se les ha anunciado a ustedes.



jueves, 23 de abril de 2015

Evangelio según San Juan 6,44-51

Libro de los Hechos de los Apóstoles 8,26-40. 
El Angel del Señor dijo a Felipe: "Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto". 
El se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén 
y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías. 
El Espíritu Santo dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a su carro". 
Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Comprendes lo que estás leyendo?". 
El respondió: "¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?". Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él. 
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca. 
En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra? 
El etíope preguntó a Felipe: "Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?". 
Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús. 
Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: "Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?". 

Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó. 
Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino. 
Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea. 



Salmo 66(65),8-9.16-17.20. 
Bendigan, pueblos, a nuestro Dios, 
hagan oír bien alto su alabanza: 
él nos concedió la vida 
y no dejó que vacilaran nuestros pies. 

Los que temen al Señor, vengan a escuchar, 
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia él, 
mi lengua comenzó a alabarlo.

Bendito sea Dios, 
que no rechazó mi oración 
ni apartó de mí su misericordia.




Evangelio según San Juan 6,44-51. 
Jesús dijo a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. 
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. 
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. 
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. 
Yo soy el pan de Vida. 
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. 
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. 
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". 



Los débiles y los fuertes (Romanos 14,1-22)

14 Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones. 2 A algunos su fe les permite comer de todo, pero hay quienes son débiles en la fe, y sólo comen verduras. 3 El que come de todo no debe menospreciar al que no come ciertas cosas, y el que no come de todo no debe condenar al que lo hace, pues Dios lo ha aceptado. 4 ¿Quién eres tú para juzgar al siervo de otro? Que se mantenga en pie, o que caiga, es asunto de su propio señor. Y se mantendrá en pie, porque el Señor tiene poder para sostenerlo.

5 Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. 6 El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios. 7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. 8 Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. 9 Para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven. 10 Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios! 11 Está escrito:

«Tan cierto como que yo vivo —dice el Señor—,
ante mí se doblará toda rodilla
    y toda lengua confesará a Dios.»
12 Así que cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de sí a Dios.

13 Por tanto, dejemos de juzgarnos unos a otros. Más bien, propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano. 14 Yo, de mi parte, estoy plenamente convencido en el Señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo. Si algo es impuro, lo es solamente para quien así lo considera. 15 Ahora bien, si tu hermano se angustia por causa de lo que comes, ya no te comportas con amor. No destruyas, por causa de la comida, al hermano por quien Cristo murió. 16 En una palabra, no den lugar a que se hable mal del bien que ustedes practican, 17 porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo. 18 El que de esta manera sirve a Cristo, agrada a Dios y es aprobado por sus semejantes.

19 Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación. 20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todo alimento es puro; lo malo es hacer tropezar a otros por lo que uno come. 21 Más vale no comer carne ni beber vino, ni hacer nada que haga caer a tu hermano.

22 Así que la convicción que tengas tú al respecto, manténla como algo entre Dios y tú. Dichoso aquel a quien su conciencia no lo acusa por lo que hace. 23 Pero el que tiene dudas en cuanto a lo que come, se condena; porque no lo hace por convicción. Y todo lo que no se hace por convicción es pecado.


sábado, 18 de abril de 2015

Evangelio Comentado, “Tú te abriste un camino por las aguas, un vado por las aguas caudalosas” San Juan 6,16-21.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7. 
En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos. 
Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: "No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. 
Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea. 
De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra". 
La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. 
Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos. 
Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe. 



Salmo 33(32),1-2.4-5.18-19. 
Aclamen, justos, al Señor: 
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara, 
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.

Porque la palabra del Señor es recta 
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho, 
y la tierra está llena de su amor.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, 
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte 
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.





Evangelio según San Juan 6,16-21. 
Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar 
y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. 
El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. 
Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. 
El les dijo: "Soy yo, no teman". 
Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban. 

“Tú te abriste un camino por las aguas, un vado por las aguas caudalosas” (Sl 76,20)

Santo eres tú, Señor, Dios todopoderoso,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
el paraíso de la felicidad, el cetro real,
el amor suntuoso, la esperanza cierta…

Santo eres tú, Señor Dios,
tú eres “el Rey de los reyes y Señor de los señores.
Sólo tú posees la inmortalidad.
Tú habitas en una luz inaccesible
que nadie ha visto jamás” (1Tm 6,15-16).
Tú te paseas sobre las alas del viento (Sl 103,3);
tú has creado el cielo, la tierra y el mar
y todo lo que contienen (Hch 4,24).

Tú tienes a los vientos por mensajeros
y al fuego llameante por ministro (Sl 103,4);
tú has creado al hombre a tu imagen y semejanza (Gn 1,26),
tú has medido el cielo con tu palmo
y la tierra entera con el dedo de tu mano (Is 40,12).
Sí, tus obras son bellísimas en tu presencia.


viernes, 17 de abril de 2015

Salmo 33(32),1-2.4-5.18-19.


Aclamen, justos, al Señor: 
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara, 
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.

Porque la palabra del Señor es recta 
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho, 
y la tierra está llena de su amor.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, 
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte 
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.




jueves, 16 de abril de 2015

Evangelio Comentado, El Hijo revela al Padre, Juan 3,31-36.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,27-33. 
Los guardias hicieron comparecer a los Apóstoles ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: 
"Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". 
Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. 
El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. 
A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. 
Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen". 
Al oír estas palabras, ellos se enfurecieron y querían matarlos. 



Salmo 34(33),2.9.17-18.19-20. 
Bendeciré al Señor en todo tiempo, 
su alabanza estará siempre en mis labios.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! 
¡Felices los que en él se refugian!

pero el Señor rechaza a los que hacen el mal 
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha 
y los libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca del que sufre 
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males, 
pero el Señor lo libra de ellos.




Evangelio según San Juan 3,31-36. 
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo 
da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. 
El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. 
El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. 
El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. 
El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él. 

El Hijo revela al Padre

    “A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.” (Jn 1,18)

    Desde el principio, el Hijo nos ha dado a conocer al Padre, ya que está junto al Padre desde el principio. En el tiempo fijado, es él quien ha manifestado a los hombres, para su provecho, el sentido de las visiones proféticas, la diversidad de gracias, los ministerios y en qué consiste la glorificación del Padre; todo ello como una melodía bien compuesta y harmoniosa. En efecto, donde hay orden, allí hay armonía; donde hay armonía allí todo sucede a su debido tiempo; y donde todo sucede a su debido tiempo, allí hay provecho. Por eso, en provecho de los hombres, el Verbo se ha constituido en dispensador de la gracia del Padre, según sus designios, mostrando a Dios a los hombres, presentando al hombre a Dios, salvaguardando la invisibilidad del Padre, por temor a que los hombres no tuvieran siempre un concepto muy elevado de Dios y un objetivo hacia el cual tender, y al mismo tiempo haciendo también que Dios sea visible a los hombres de múltiples maneras, no sea que, privados totalmente de Dios, llegaran a perder la misma existencia.


    Porque la gloria de Dios es que el hombre viva, y la vida del hombre es la visión de Dios. Si ya la revelación de Dios a través de la creación es causa de vida para todos los seres que existen sobre la tierra, ¡cuanto más la manifestación del Padre por medio del Verbo para los que ven a Dios!


miércoles, 15 de abril de 2015

Evangelio Comentado, “Aquel que actúa conforme a la verdad, se acerca a la luz...” San Juan 3,16-21.

Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,17-26.
Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia,
hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública.
Pero durante la noche, el Angel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo:
"Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida".
Los Apóstoles, obedecieron la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel.
Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron:
"Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro".
Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido.
En ese momento llegó uno, diciendo: "Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo".
El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.



Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: él me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en él se refugian!




Evangelio según San Juan 3,16-21.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.
En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

 “Aquel que actúa conforme a la verdad, se acerca a la luz...”

    En el momento de nuestro bautismo quedamos iluminados, hechos hijos perfectos y recibimos el don de la inmortalidad. “Lo digo, palabra del Señor, sois todos dioses e hijos del Altísimo!” (cf Sal 81,6; Jn 10,34)

    Damos diferentes nombres a estos efectos del bautismo: lo llamamos: gracia, iluminación, baño, perfeccionamiento. “Baño” pues somos purificados de nuestras faltas; “gracia” porque el castigo por nuestros pecados es perdonado; “iluminación” porque contemplamos la luz santa de nuestra salvación en la que llegamos a ver los misterios divinos; “perfeccionamiento” porque ya no nos falta nada. ¿Qué puede faltar a quien ha visto a Dios?  Y ¿cómo se puede llamar “gracia de Dios” a algo que no sea perfecto? Pues, Dios perfecto no puede dar sino cosas perfectas...

    Así pues, a penas alguien ha sido regenerado, es también iluminado, liberado de las tinieblas, y al mismo instante, agraciado con la luz... Hemos sido liberados de nuestros pecados que, como una nube, cubrieron al Espíritu divino. Y ahora, libre ya la mirada de nuestro espíritu, descubierta, luminosa, nos hace contemplar las cosas divinas.